Guerra psicológica; el uso de la propaganda.

 Un tipo de operación militar que se ha delineado a partir de la Segunda Guerra Mundial en una modalidad escogida, de modo preferente, para controlar grandes masas y territorios, sin necesidad de recurrir a otras formas de guerra convencional. El ser humano es considerado el fin prioritario en una guerra política. Concebido como un objetivo militar el punto más crítico del ser humano es su mente. Cuando su mente es alcanzada, el “animal político” ha sido derrotado sin que necesariamente haya recibido un proyectil. El objetivo es la mente de la población civil, de toda población: “Nuestras tropas, las tropas del enemigo y la población civil”.


Se trata de dominar la voluntad del otro, considerado enemigo. Para lograrlo se acude a medios habitualmente no calificados de guerreros. Entre ellos, la dominación del espíritu. Una de las características de la guerra psicológica es el ocultamiento sistemático de la realidad.


Para construir la “verdad oficial” se utilizan genéticamente tres tipos de propaganda: blanca, gris o negra. 

La propaganda blanca es aquella que se difunde y se reconoce por la fuente o por sus representantes oficiales; es una actividad abierta, franca, en la que el emisor no oculta su identidad.

La propaganda gris es anónima. Es decir, no es identificada por su fuente y queda librada a la imaginación del público. En ocasiones se la define como “propaganda negra mal disfrazada”.

La propaganda negra -elaborada con base en “auténticas patrañas ”, acompañadas de algunas verdades y otras verdades a medias- es aquella que aduce otra fuente y no la verdadera; esconde su origen detrás de nombres ficticios, o bien, material falso se atribuye a fuentes reales. Para encubrir su origen y sus intenciones se le rodea de ambigüedades, secretos y misterios. Su éxito depende del total ocultamiento de su origen real.

La propaganda negra es la más utilizada en las operaciones clandestinas (o encubiertas) de los servicios de inteligencia y, por eso mismo, es principalmente subversiva. Entre otros, ha recibido nombres tales como propaganda “camuflada”, “clandestina” o “engañosa”, y su función principal es desinformar al enemigo. Por lo general se canaliza a los medios a través de “filtraciones”. Una fuente “oficial” declara en forma “anónima”, o el medio señala que no puede divulgar el origen de la información.


En la práctica, más allá de su color (blanca, gris o negra), el 95% del contenido de la propaganda eficaz es verídico. El propagandista espera que el resto, ese 5% vital, oculto por una espesa capa de verdades evidentes, se lo “trague” el destinatario. La credibilidad es la condición inexcusable para que se acepte la propaganda.

Algunas veces, ese 5% de propaganda negra está encubierto en libros de encargo, firmados por un escritor de prestigio, o refutada por gente de prestigio cuya opinión es respetada.


La guerra psicológica utiliza una caracterización simplista (bueno/malo, negro/blanco) para describir al enemigo. El propagandista debe utilizar las palabras claves capaces de estigmatizar al contrario y activar reacciones populares. En realidad, de lo que se trata, al utilizar el mito de la guerra, es de SATANIZAR al adversario, arrancarle todo viso de humanidad y cosificarlo, de tal modo que eliminarlo no equivalga a cometer un asesinato. En este se todo, uno de los objetivos de la propaganda de guerra es sustituir el razonamiento por las pasiones y convencer a la población de la necesidad de participar en una misión purificadora, reivindicadora o justiciera.


   -Toda guerra de agresión imperialista contiene tres importantes elementos: violencia, polarización y mentira.


   -Toda guerra desata una maquinaria para producir muerte, mutilaciones, sufrimiento y destrucción.

Supone una polarización aguda; un desquiciamiento de grupos hacia extremos opuestos. Por eso, todo acto bélico ha de ser presentado a la opinión pública como una guerra justa. Pero debido a que no se pueden revelar los auténticos intereses e intenciones de quienes la promueven, se necesita “fabricar un consenso”.


La propaganda es por tanto, el principal procedimiento de acción psicológica que incluye la manipulación y el uso de la mentira intencional en el discurso público.

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